La educación frente a la inteligencia artificial: creatividad, pensamiento cognitivo e inclusión como pilares pedagógicos

 

POR: MARIBEL SÁNCHEZ ARELLANO

La Inteligencia Artificial (IA) está redefiniendo los modos de aprender, enseñar y pensar, lo que exige una revisión profunda de las competencias cognitivas que la educación debe promover. Frente a este panorama, la pedagogía asume el reto de diseñar experiencias educativas que estimulen la creatividad, el pensamiento crítico y la participación activa de todos los estudiantes.

Por esto, integrar la innovación tecnológica desde una perspectiva inclusiva no solo amplía las posibilidades de aprendizaje, sino que también fortalece una educación más equitativa y orientada al desarrollo humano. Por lo tanto, ¿cómo se puede transformar la IA en una oportunidad pedagógica para potenciar la creatividad y la inclusión?

Hoy, los procesos educativos ya no se desarrollan únicamente en el aula, sino también en entornos digitales, mediados por algoritmos que influyen en qué información llega a docentes y estudiantes, cómo se presenta el conocimiento y qué aprendizajes se consideran relevantes.

“El avance de la Inteligencia Artificial en la educación está transformando el panorama educativo. Cambian las experiencias de aprendizaje personalizadas, el desarrollo curricular dinámico, la evaluación continua del alumnado y la ampliación de las funciones de los docentes. Al mismo tiempo, se requiere una cuidadosa consideración sobre los desafíos éticos que comporta, como el sesgo, la privacidad y la protección de datos” (Muñoz et al., 2024, p.35).

La IA podría utilizarse para crear planes de estudios personalizados para cada estudiante, lo que estimularía aún más la mejora de la calidad de la educación; también podría utilizarse para automatizar la evaluación de los alumnos, lo que supondría un ahorro de tiempo y esfuerzo a los docentes. En general, la IA tiene el potencial de transformar la educación y mejorar la calidad de vida de los educandos y docentes.

Muñoz et al, (2024) señala que:

“La pedagogía inteligente no puede ser únicamente el tratamiento que damos a las herramientas de Inteligencia Artificial, o el estudio de los recursos que proporcionan los algoritmos, sino lo que los humanos sentimos, pensamos y preferimos en las relaciones que se generan durante los procesos de enseñanza y aprendizaje, en el aula y fuera de ella”. (p.14).

MacLuhan (2014) menciona que “las pedagogías tradicionales ya no son suficiente para un mundo que requiere nuevas visiones, herramientas y habilidades, para la formación de percepción y reconocimiento de patrones”, de manera que, la educación necesita que la práctica pedagógica se renueve, integrando el pensamiento crítico, la creatividad, el trabajo colaborativo y el uso consciente de tecnologías.

El tiempo ahorrado mediante el uso de la IA en la recopilación de información se puede redirigir, por ejemplo, hacia actividades que impliquen el intercambio de ideas, la colaboración de los estudiantes y el fomento de debates entre alumnado y profesorado, que enriquece a ambos.

El pensamiento algorítmico se configura como una nueva frontera de las alfabetizaciones, indispensable para comprender y habitar un mundo atravesado por tecnologías digitales e inteligencia artificial. Sin embargo, reducir esta alfabetización a la enseñanza de la programación sería un error. Programar no es un fin en sí mismo, sino una actividad de aprendizaje que permite desarrollar formas de pensamiento más profundas, vinculadas al análisis, la lógica, la anticipación de consecuencias y la resolución de problemas complejos.

Goldberg (2018) señala que “En la era de la innovación y la inteligencia artificial, educar la creatividad es educar la adaptabilidad, el pensamiento flexible y la capacidad de generar nuevas soluciones”, en este sentido, la creatividad no es solo imaginar, sino reorganizar la experiencia para generar respuestas nuevas y funcionales.

Además, la Inteligencia artificial, al ofrecer múltiples datos, herramientas y posibilidades de análisis, no sustituye el pensamiento humano, sino que lo desafía a reinterpretar, seleccionar y resignificar la información para generar respuestas nuevas y funcionales. De manera que no se trata solo de entender contenidos o usar tecnología, sino de formar personas capaces de adaptarse a los cambios, pero de manera flexible y proponer soluciones nuevas ante problemas que no tienen respuestas únicas.

El cerebro humano en la era de la innovación nos recuerda que educar hoy no es preparar para repetir el pasado, sino para reinventar el futuro, así que, formar mentes creativas es formar personas capaces de adaptarse, cuestionar y construir soluciones nuevas en contextos cambiantes.

Por lo tanto, la creatividad es una herramienta fundamental para la vida, ya que permite a los individuos comprender su contexto, transformarlo y participar activamente en él, especialmente en un mundo caracterizado por la incertidumbre y el cambio constante.

Goldberg (2018) señala que: “Cuando la Inteligencia artificial puede automatizar respuestas, la creatividad humana se vuelve el valor diferencial: formular buenas preguntas, conectar ideas, generar soluciones contextualizadas y éticas”.

La escuela no compite con la tecnología; educa lo que la tecnología no puede reemplazar, es la idea de que ninguna maquina puede reemplazar la capacidad de pensar críticamente, sentir, convivir y transformar la realidad.

Asimismo, el conocimiento ya no es exclusivo del ser humano: los datos, las respuestas inmediatas y los procedimientos repetitivos pueden ser ejecutados por sistemas inteligentes. Sin embargo, aquello que la IA no puede hacer, es la capacidad humana de reinterpretar la experiencia, cuestionar lo dado y crear sentidos nuevos frente a lo inesperado.

Cuando lo conocido ya no basta, la creatividad permite transformar la información en conocimiento significativo y la tecnología en una herramienta al servicio de lo humano, así que, en la era de la innovación, la creatividad no es un lujo educativo, es una necesidad humana.

Por otro lado, la IA puede ayudar a superar las barreras de comunicación y lenguaje en entornos educativos multilingües, gracias a la generación de traducciones en tiempo real y materiales de aprendizaje en varios idiomas.

De la misma forma, los asistentes virtuales en IA pueden responder preguntas, ofrecer explicaciones adicionales y guiar al alumnado a través de materiales de estudio complejas, facilitando su comprensión y aprendizaje.

Es importante resaltar que las competencias cognitivas son fundamentales para el funcionamiento humano, ya que permiten procesar información, comprenderla, almacenarla en la memoria y aplicarla en la resolución de problemas y la toma de decisiones.

La IA se centra en el profesor, ya que el objetivo clave es apoyar a los educadores mejorando la eficiencia y la efectividad de sus métodos de enseñanza. Esto se logra mediante herramientas que analizan el rendimiento de los estudiantes durante sus actividades formativas, identificando áreas en las cuales necesitan más respaldo, cosa que permite a los profesores ajustar sus estrategias pedagógicas.

Los docentes y estudiantes deben ser capaces de tener una visión crítica respecto a los valores, las normas culturales y las costumbres sociales que están integrados en los modelos de entrenamiento de la IA generativa. Es crucial que se cuestionen y analicen a fondo estos asuntos, ya que pueden influir en los resultados generados por la IA y reforzar sesgos y prejuicios.
Con una metodología adecuada, la implementación responsable de la IA en la educación puede mejorar los resultados de aprendizaje, fortalecer el rol de los docentes y promover la equidad educativa, sin dicha metodología, los riesgos pueden ser significativos.

“Los sistemas de IA son igualmente capaces de identificar las tendencias emergentes y las habilidades requeridas en el mercado laboral de un país o territorio, incorporando nuevos contenidos al desarrollo de módulos de aprendizaje. A medio plazo, esto puede mejorar la preparación del alumnado para el futuro profesional y favorecer la actualización competencial de las nuevas generaciones” (Muñoz et al., 2024, p.39).

La presencia de la Inteligencia Artificial en la educación exige una pedagogía capaz de ir más allá de la simple incorporación tecnológica. Puesto que, el verdadero desafío radica en fortalecer las competencias cognitivas que permitan a los estudiantes pensar críticamente, tomar decisiones conscientes y crear soluciones innovadoras.

En este sentido, la creatividad se convierte en una condición indispensable del aprendizaje, mientras que la inclusión se afirma como un principio ético que orienta toda práctica educativa. Solo una pedagogía comprometida con el desarrollo humano puede garantizar que la inteligencia artificial contribuya a una educación más equitativa y socialmente significativa.

REFERENCIAS:

Muñoz, J., Lorenzo, N., & Suñe, X. (2024). Inteligencia Artificial en la Microeducación: Transformando el aula del futuro.

ODITE Goldberg, E. (2018). Creatividad: El cerebro humano en la era de la innovación. Epublibre.

Vitriá, J. (2025). ¿Cómo hacer un uso responsable de la inteligencia artificial en educación? Aspectos técnicos y éticos en la utilización de la inteligencia artificial en el aula. Octaedro.

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