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septiembre 21, 2026 · Principal, Salud · admin

Correr en cinta no es igual que hacerlo en la calle: un estudio revela cuánto cambia el impacto en las piernas

Correr en una caminadora puede parecer equivalente a hacerlo en la calle, pero las condiciones mecánicas cambian de manera importante. Un estudio publicado en la revista científica Sports Biomechanics encontró que la fuerza de impacto que recibe la tibia es considerablemente menor sobre una banda rodante que al correr sobre asfalto, césped o una pista sintética.

La investigación analizó a 20 corredores recreativos, quienes realizaron sesiones en cuatro superficies diferentes mientras utilizaban sensores para registrar distintos parámetros de su movimiento. El resultado más llamativo apareció en la aceleración tibial, una medida que permite estimar el impacto que recibe la pierna en cada apoyo.

El asfalto fue la superficie que produjo el mayor impacto, mientras que la cinta presentó los valores más bajos. La diferencia entre correr en la banda y hacerlo en exteriores osciló entre 28% y 39%, dependiendo de la superficie utilizada.

La cinta reduce el impacto que llega a la tibia

El indicador principal utilizado por los investigadores fue la aceleración tibial pico, que expresa la magnitud de la aceleración que experimenta la tibia durante cada pisada y se mide en unidades de gravedad, conocidas como g.

En la cinta de correr, los participantes registraron un promedio de 7,9 g. En cambio, el valor alcanzó 11,0 g en el asfalto, 10,7 g en el césped y 10,6 g en la pista sintética o tartán.

En términos relativos, esto significa que la carga medida en la tibia fue mucho menor durante la carrera en banda rodante que en cualquiera de las tres superficies exteriores analizadas.

De acuerdo con los investigadores, una posible explicación es el comportamiento de la propia banda, que contribuye a absorber parte de la energía generada durante el apoyo. En las superficies exteriores, incluso aquellas que suelen percibirse como más suaves, la respuesta mecánica es diferente.

El hallazgo también muestra que la percepción de que una superficie es más blanda no necesariamente significa que produzca un menor impacto tibial. En este experimento, por ejemplo, el césped registró una aceleración de 10,7 g, prácticamente en el mismo rango que el tartán y por debajo únicamente del asfalto.

El suelo también modifica la forma de correr

Los investigadores observaron además diferencias en la frecuencia de la zancada. La cinta fue el único entorno en el que los corredores aumentaron espontáneamente la frecuencia de pasos, con un promedio de 83,4 zancadas, mientras que el césped registró el promedio más bajo, de 81,0.

Esto sugiere que cambiar de superficie no solamente modifica la cantidad de impacto que recibe la pierna. También puede alterar algunos aspectos del patrón de movimiento utilizado durante la carrera.

Sin embargo, no todas las variables biomecánicas cambiaron de manera significativa.

El tiempo que el pie permaneció en contacto con el suelo fue similar en las cuatro condiciones. Por lo tanto, los resultados no respaldaron la idea de que correr sobre una superficie más blanda necesariamente prolongue el apoyo y provoque una mayor fatiga muscular acumulada.

Otro parámetro que sí mostró diferencias fue la velocidad de eversión del talón, es decir, la rapidez con la que el talón gira hacia afuera durante el apoyo. El asfalto registró 620,7 grados por segundo y el tartán 623,5, mientras que el césped presentó un valor considerablemente menor, de 394,9 grados por segundo.

Esta variable resulta de interés porque está relacionada con la mecánica de la extremidad inferior y puede participar en las cargas que reciben estructuras como el tobillo y el tendón de Aquiles.

¿Significa que correr en cinta es mejor para las articulaciones?

Los resultados no permiten convertir una superficie en universalmente recomendable para todos los corredores. El estudio analizó principalmente el impacto tibial y determinados parámetros biomecánicos, por lo que sus conclusiones no equivalen a demostrar que una superficie sea siempre más segura o que prevenga lesiones en todos los casos.

Lo que sí muestra es que correr en cinta y correr al aire libre no representan exactamente la misma demanda mecánica, incluso cuando una persona mantiene un ritmo similar.

La diferencia puede ser relevante para quienes alternan ambos tipos de entrenamiento. Una sesión realizada en caminadora puede generar una carga de impacto distinta a la que experimentaría el mismo corredor al completar una sesión comparable sobre asfalto.

Por esa razón, los datos también tienen implicaciones para la manera en que se estudia la carrera. Una parte importante de las investigaciones biomecánicas se realiza en condiciones controladas, muchas veces utilizando caminadoras o plataformas de fuerza. Aunque estos entornos permiten medir variables con precisión, no necesariamente reproducen las condiciones de una carrera al aire libre.

Los estudios en cinta podrían subestimar la carga de correr en exteriores

Uno de los puntos centrales de la investigación es precisamente esa diferencia entre el laboratorio y el entorno cotidiano.

Si los valores obtenidos en una caminadora se utilizan como referencia para representar lo que ocurre durante una carrera exterior, la carga tibial podría quedar subestimada entre 28% y 39%, según la superficie con la que se compare.

Para los autores, esto tiene relevancia tanto para la investigación como para la planificación de los entrenamientos y la prevención de lesiones. Los sensores portátiles utilizados en el estudio permiten registrar lo que ocurre durante la carrera en condiciones más cercanas a las habituales, en lugar de limitar las mediciones a un laboratorio.

El hallazgo no significa que los corredores deban abandonar la caminadora. La banda rodante puede ser una herramienta útil para entrenar en condiciones controladas, mantener una velocidad determinada o correr cuando las condiciones exteriores no son adecuadas. Sin embargo, una sesión en cinta no reproduce exactamente la carga mecánica de correr en la calle.

La investigación refuerza así una idea importante para quienes entrenan con regularidad: el ritmo no es el único factor que determina la exigencia de una carrera. La superficie sobre la que se corre también modifica la respuesta del cuerpo, y conocer esas diferencias puede ayudar a interpretar mejor los datos de entrenamiento y a diseñar sesiones que tomen en cuenta el cambio entre la caminadora y el exterior.